El Astuto Astaire

Artículo original en inglés GQ.

Frecuentemente llamado uno de los 10 hombres mejores vestidos en el mundo, los puntos de vista de Fred Astaire acerca de la vestimenta eran muy propias, analizadas, y el reflejo de un hombre de gusto discriminatorio.

Éste es un extracto de una entrevista exclusiva para GQ, de 1957.

“Sé que de vez en cuando he estado en las listas de los hombres mejor vestidos”, dice Fred Astaire, la famosa estrella del escenario y pantalla, “pero siempre me sorprende, nunca pienso en mi mismo tan inmaculado o tan delicado, sino como alguien que quiere estar cómodo y satisfacer su propio gusto”.

Sentado en su fresca sala en Beverly Hills, rodeado de sombras silenciosas en verde y gris, Astaire observa sereno. Está vestido con camisa rosa claro, sin corbata, pantalones de gabardina caquis, calcetines de lana grises y zapatos de gamuza cafés oscuros. Y como detalle, un pisa cuello dorado.

“Por supuesto”, dice, “en mi negocio tienes que vestir para el rol. En casa, me visto para mi mismo”.

Astaire le gusta creer que es de estilo conservador y discreto. Tiene sus propias ideas de cómo debe de vestir un hombre. Siempre tiene sus trajes hechos a la medida. Algún tiempo, los mandaba a hacer a Londres, pero ahora casi todos son hechos en Beverly Hills costando 250 dólares.

“Cuando niño”, recuerda, “solía estar a juicio de Brooks Brothers en Nueva York. Creo que ya pasé por eso”.

Pensándolo bien, su guardarropa consiste en 2 trajes de gala (raramente usados excepto en películas), un par de sacos para cena, ambos de cierre cruzado (con uno sencillo en camino), y otros 20 trajes casuales más.

“Me deshice de media docena el otro día”, dice. “Odio verlos colgando en el closet, sin usarse”.

Además de estos, tiene una docena de sacos sport y una variedad de pantalones lisos de lana y algodón - “un par de docenas de combinaciones sencillas”.

“Soy muy cuidadoso con la sastrería”, dice, “usualmente regreso los trajes por lo menos media docena de veces - demasiado hombro o muy poco o muy apretado. Lo que no me gusta es usar mucho material”. Medita por un momento. “No veo alguna razón para cargar tela extra”, agrega.

Si tiene alguna preferencia por una tela, Astaire dice que es la cachemira de vicuña con seda.

“No hay nada que me haga sentir tan bien como un abrigo ligero de vicuña azul marino”, dice.

Su estándar de gusto en vestir es simple. “No me gusta un traje para sobresalir. No quiero que alguien me vea dos veces y diga en un tono incrédulo: ‘¿Qué es eso?‘”

A Astaire no le importa el nuevo look de Ivy League.

“Simplemente no lo entiendo”, dice, “Puede verse bien en algunas personas, los jovenes, pero conmigo se ve terrible”.

Cree que su medida de vestimenta masculina es básicamente Británica.

“Tienes que darles crédito. Han sido muy estables en su diseño y sastrería. Es muy difícil que cambie”.

Una de las tendencias que le molestan es el prejuicio en contra de los trajes de cierre cruzado.

“Es increíble como estigmatizan el estilo”, Astaire declara, “verás tres o cuatro cruzados contra uno sencillo”.

En principio, señala, prefiere el saco de cena de cierre cruzado - “por una cosa, no tienes que vestir chaleco o faja. Y no puedo comprender el uso de corbatas rojas o camisas con encaje y demás cosas por el estilo”.

En trajes, prefiere colores sobrios como el azul oscuro, gris oscuro o café oscuro - “el único color claro que me gusta es gris claro”.

También es parcial a las líneas pero las quiere con al menos una pulgada o pulgada y media de distancia.

“Es distintivo británico”, dice, “nos alejamos o acercamos en estilos, pero siempre es entorno a la misma idea”.

Astaire confiesa que el Este y el Oeste son parejas en moda y tienen dificultad en encontrar un punto medio.

“En Hollywood”, dice, “tienes sombreros grandes, sacos largos, colores brillantes, combinaciones incoherentes, y camisas que se salen de los pantalones. Ésto se ha esparcido por el Este, pero aún no, gracias a Dios, a los británicos”.

Uno de los horrores es la condición presente en el saco de traje masculino. Siente que es la equivocación más sobresaliente que la mayoría de los hombres cometen en su vestimenta.

“El saco debe ser lo suficientemente largo para cubrir la retaguardia”, estipula, “Ahora en estos días, ya casi les llega a las rodillas. Me puse uno que le pertenece a un amigo de mi tamaño el otro día y juro que me llegaba a las rodillas”.

Astaire admite que le han dicho que tiene una buena figura para la ropa. Y lo admite con cierta duda.

“No creo que me vea muy bien en trajes”, dice, “Soy un poco relajado - casual, sabes. Me visto para mi mismo y para sentirme relajado”.

En este punto, posee un par de sacos de tejido en un pequeño patrón de herringbone y un saco con pequeño plizado de gris y rojo. En la sastrería, siente que todos los sacos deben de tener aperturas traseras laterales al estilo británico - “algo profundas, de siete pulgadas”.

Prefiere las chaquetas de dos botones, aunque alguna vez fue adicto a los tres botones cuando tenía 20.

“Sólo abotono uno”, dice, “y creo que se ve mejor de esa forma”. Sus pantalones tienen bastilla y un poco cortos - “No los quiero sueltos que los pise con mis zapatos”.

Astaire retoma su disgusto de los estilos de sastrería de la “Ivy League” actual.

“Los hombros bajos, los sacos de tres botones largos, los pantalones demasiado cortos y delgados y las corbatas delgadas con camisas oscuras de botones resaltantes - bueno, supongo que le pueden ir bien a algunas personalidades pero no es para mi. Para mi, deberían de verse como productores de TV. Tal vez eso quieren”.

Le parece sorprendente a Astaire el recordar que cuando era joven, que usar dichos estilos era para los “afeminados” - pero ahora son usados por los más varoniles. En cuanto a las camisas - que le cuestan entre 12 y 25 dólares - algunas veces las manda a hacer pero usualmente las compra hechas. Excepto por la vestimenta completa, le gustan de frente suave, en colores claros, en rangos de rosa, azul y café.

“Muy de vez en cuando compro una camisa de rallas”, agrega.

Él prefiere la camisa con puño de barril de botones al puño francés. De hecho nunca usa gemelos excepto en ocasiones formales, cuando generalmente usa studs y gemelos de rubí y diamante o de zafiro con diamante. Su joyería diaria está severamente limitada a un anillo de sello de oro y los accesorios de corbata. También tiene lo que para él supone “mil corbatas” pero en realidad son entre 50 y 100. Le gustan las corbatas completas, no recortadas.

“Me gusta usar el nudo Windsor”, dice.

En cuanto a los cuellos, no le gusta el pisado y prefiere los de botones y los abiertos - ajustados con pisa cuellos.

“Alguna vez usé corbatas de moño”, lo dice en modo melancólico, “con estampados, y los disfruté, pero ya pasé de eso”.

Explica su aversión a las corbatas recortadas con una sonrisa: “Ya soy lo suficiente delgado, muy delgado”.

Apunta que la delgadez destruye la calidad esencial en la vestimenta, el estilo, por el mal uso de corbatas y solapas.

“Fíjate en esas solapas delgadas en trajes de cierre cruzado - son atroces”.

En sus corbatas, prefiere colores oscuros y patrones pequeños. Tiene solo un par de corbatas de rallas, emblemáticas de los clubes a los que pertenece. En el departamento de zapatos, Astaire posee 50 pares para baile profesional y otros 20 de uso cotidiano.

“Es muy económico tener esa cantidad”, declara, “tengo zapatos ahora que están tan bien como cuando los compré hace 20 años - y te aseguro que los he usado muchas veces”.

Ciertos pares son largos para sus pies y Astaire usa calcetines de lana con estos cuando camina. Todos sus zapatos son hechos a medida en Londres. En cuanto a estilos y colores, prefiere la gamuza y los mocasines. La mayoría de sus zapatos, exclusivamente los formales, son café oscuro.

“Ya no tengo los pomposos de gala”, dice, “solía usarlos hace mucho. Ahora están fuera de moda. Era divertido usarlos pero no creo que tengan oportunidad de regresar”. “Es muy difícil para mi juzgar como me veo”, Astaire suspira.

Era crítico en su apariencia en pantalla por mucho tiempo - “Creo que mis pantalones eran muy cortos en la última película” - También estira sus sombreros, que los compra de talla 7 en vez de los de 7 18. “Supongo que soy de 7 16”, remarca. En sombreros, Astaire rechaza el hecho de que no puede usar un homburg.

“Siempre he querido pero nunca he podido”, acierta.

Le gustan las coronas bajas y faldas cortas (de 2 18 de pulgada porque “un octavo de pulgada puede hacer mucha diferencia en una falda”). La banda debe ser de un ancho normal. Los usa de manera ordinaria y aborrece los de tapa plana. Los pañuelos deben de ser acomodados en el bolsillo con aparente casualidad, cree Astaire. No le gusta en estilo cuadrado ni muy doblado, ni acolchado. Una vez, en un programa de TV, Ed Sullivan le pidió que le ajustara el pañuelo en su saco apropiadamente. Astaire se vió obligado.

“Creo que fue un nuevo estándar para Ed”, dijo. “Al menos estaba aún usándolo semanas después durante el programa”.

En cuanto a cinturones, Astaire le gusta usar pañuelos de seda - meramente para fines utilitarios en vez de teatro. Tiene una cintura de 31 pulgadas y pierde peso cuando baila. La resistente seda le permite ajustarse bien los pantalones.

“Llegué a usar viejas corbatas para el mismo propósito pero los pañuelos son mejores”.

En casa usa un cinturón, con la hebilla hacia un lado, “simplemente para que no estorbe”.

En todos éstos temas, Astaire usa su formula de color discreto y corte exquisito. En calcetines, Astaire es más flexible. Le gusta la lana en vez de la seda y algodón y no usa ligas, excepto, por supuesto, cuando trabaja en peliculas. No es muy atraído hacia las fibras sintéticas de ningún tipo. Le gusta usar ciertos tipos de patrones en sus calcetines, con fondo sutil. No le gusta usar pantalones cortos en público. Prefiere usar los abrigos de cierre cruzado.

Cree que su afección en no usar corbatas pudo haber sido un pecado del pasado - “una vez fui captado fuera de lugar, creo que en Catalina, por no usar corbata. Ahora te proveen de accesorios para no ser el postre”.

Aunque tiene abrigos aterciopelados nunca los usa - y aborrece el terciopelo en todas formas. En cuanto al mohair o seda en chaquetas de cena, se refiere a los sacos con colores brillantes o metálicos como - “Dios mío, ¡no! Me duele pensar al respecto”.

Apunta que la tendencia de los puños y cuellos de encaje es el regreso de estilos Eduardianos y cree que la tendencia será efímera. Ve que esos chalecos vistosos en una corta rescucitación pero cree que desaparecerán si nadie ve. Por otro lado, tiene preferencia por los suéteres de cárdigan. Se le preguntó acerca de la influencia Calypso en la ropa deportiva, Astaire responde: “Sinceramente confío que no hay tal”.

En cuanto a la ropa en donde gasta la mayoría de las veces, Astaire argumenta que es “ropa excelente”, los pantalones de gabardina y suéteres con los que crea, practica, cambia y enseña a bailar.

“Debo de tener docenas de combinaciones”, agrega, “pero es puramente una vestimenta profesional necesaria”.

Su preferencia personal para vestir no tiene edad, traje conservador, fibra y color, complementado con camisa y corbata, con su pequeño patrón distintivo. El credo de Astaire es: “Sé tu mismo, pero no seas indiscreto”.